Cuando me dijeron que podía entrevistar a Sylvester Stallone, creia que me estaban cargando. Durante mi adolescencia y gracias a la fiebre de las videocasseteras que inundó Buenos Aires a finales de los 80, cada película de Sly la ví por lo menos 2 veces. Mención aparte para la enorme Rocky que me sabía de punta a punta (ademas de obligar a mi pobre hermana a boxear conmigo al terminar de verlas, lo cual era siempre objeto de retos paternales).
El asunto es que en los 7 minutos que te dejan convivir con el personaje yo tenía que preguntarle por Get Carter (la película que estaba promocionando en ese momento) y a la vez saciar mis ganas de hablar de Rocky.

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